lunes, 1 de agosto de 2005

Lehtalë - La Liberación del Cautiverio


Parte IV

Llegaron Lúthien y Huan a la horrible Tol-in-Gaurhoth,la fortaleza de Sauron vestida en roca desnuda.Y al pisar ella la isla hizo rebrotar las flores,cantaron cien ruiseñores cuando su voz en la brisa resonó altiva y clara y atravesó las paredes para regalarle a Beren una naciente esperanza.
Y al oírla entre su sueño salto canto allí clamó pero el cansancio venció quedando inerte en el suelo. Mas al oír melodía que de los negros muros y calabozos oscurosa la suya respondía Lúthien estalló en canto se hizo temblar la isla y a los lobos que vivían en la horrible Tol-in-Gaurhoth.
La oyó entonces el vil Sauron y su voz reconoció y su mente se volvió a pensamientos malvados.

Sauron: (Pensando)¿Así que la hija de Melian, aquella que entre las flores aun sería la más bella, ha llegado hasta mi torre? ¡Pues que sea bienvenida! que yo también lo seré cuando la lleve cautiva hasta Morgoth, y a sus pies, la deje, libre de heridas.

Sauron: (A los lobos) ¡Lobos, corred! ¡No es más que una doncella!tomadla viva para vuestro Señor atrapad raudos a Lúthien la Bella,traedla a mi torre de miedo y horror.
¡Lobos infames, siervos del miedo! prended a Lúthien pero no en tropel. Ningún rasguño en su precioso gesto.Ninguna herida en su pálida piel.
Salió entonces por el puente una gris sombra reptante con ojos de llama ardiente con lengua roja de sangre. Sin tomar siquiera aliento a por Lúthien se lanzó pero Huan, siempre atento, sin piedad lo degolló. Uno a uno, destrozados, fueron cayendo en el lodo y gritaron como en Lammothse dolió en su día Morgoth.
Salió al fin uno de ellos: licántropo de gran talla sus colmillos, puro hierro su piel, cota de mallas de todos era el más viejo curtido de mil batallas; pero a Huan, el sabueso, no le faltaron agallas. Lo tomó por el cuello, le clavó sus colmillos desgarrándole el vello entre quejas y aullidos. Y al final Draugluin huyó cobarde corriendo hasta su amo ruin con el pelaje sangriento. "Está allí Huan", jadeó en su estado moribundo y en ese instante cayó,despidiéndose del mundo.
Así que Sauron sabiendo el destino que aguardaba al más grande de los perros salió de las grandes salas de su poderosa torre,tomó la vil apariencia de un licántropo enorme-el mayor con diferencia de la raza de los lobos desde que en un día infame en las estancias de Morgoth se dio vida a sus pelajes-.Sobre el perro, sin demora, cayó como rayo mortal pero aun no era la hora en que los siervos del Mal habían de vencer a Huan, le esquivó pues sin miedo y a la luz de la Luna lo apresó por el cuello.Y ningún encantamiento, ni disfraz, ni vil conjuro, ni colmillo con veneno, ni voluntad del Oscuro,pudieron soltar a Sauron que en su propia fortaleza en lugar de haber cazado había resultado presa.

Lúthien: Es tu fin, siervo de Morgoth. Ya no hay forma de escapar. Sufre ahora por tu odio, siente ahora tu maldad.
Mas te dejo una esperanza para irte en libertad,pues tu honor ya no alcanza a poderse restaurar. Dime ahora las palabras que en tu horrorosa guarida piedra de piedra separan y abren la puerta a la vida.
Pronuncia ahora el conjuro por el que tus torres negras se conviertan, en segundos, en tierras grises y yermas

Sauron:¡Marchítese la hiedraque sostiene la alta torre! ¡Sepárense las piedras, que esconden crueles horrores! ¡Ábranse las murallas, que cubren los calabozos! ¡Que del viento, las cizallas, barran todos los despojos!
Y así la Torre de Sauron quedó por fin consumida la terrible Tol-in-Gaurhoth ahora a polvo reducidaY los Elfos y los Hombres que estaban allí atrapados huyeron de los terrores a que estaban condenados.

Lúthien: Oh, cruel Sauron, huye ahora, es tu fin, Señor del Miedo, escapa hoy sin demora, hacia los Montes de Hierro.
Y por viles sortilegios mudó su forma a vampiro y huyo veloz en el cielo aquél antaño temido.
Mas los presos que escaparon de los viles calabozos huyeron a Taur-en-Faroth, a las cavernas del Narog. Y le contaron al pueblo los hechos de la doncella que había vencido ante el Miedo esa noche sin estrellas.Y contaron las argucias que aquellos llamados nobles entramaron con astucia en contra del buen Orodreth. Así que por fin las gentes en contra de los hermanos: hablaron con voz ardiente y por Orodreth clamaron.

Orodreth: No hay en Nargothrond truhán, asesino, traidor, embustero o malhechor que no haya tratado al meno scon los hijos de Feanor. Oigo a mi pueblo pedirlo que sus pechos añoran por el buen Finrod hoy lloran ¿quién lo llevo a su cruel fin? No fueron miedo ni engaño los que apretaron su yugo, no fue cólera ni orgullolo que le llevo hasta su daño. Fue la traición del hermano, en hora de necesidad fue el negarle la mano que él un día os tendió cuando huyendo del malvado en su casa os cobijó.
¡Marcháos! Aquí no tendréis descanso, os repudia Nargothrond, malditos seres de odio crueles hijos de Fëanor, de Arda la peor quina Curufin y Celegorm nombres de gran dolor. No permitiré vuestra muerte, ni aquí ni en mi presente, mas ni cama ni consuelo, ni comida ni consejo en Nargothrond ya tendréis, pues os expulso yo, el Rey, del buen Beren, un amigo. por Felagund aún dolido. Ni amistad ni amor veréis de nuestras gentes nacer vuestro destino no temo ¡Ya no me podéis vencer! Por eso os digo ¡fuera! Huid hoy, viles esclavos, antes que la primavera se marchite en el verano.

Curufin:Échanos entonces de tu lado,traiciona a los amigos de tu pueblo, mas no te extrañe si en tu hado se cruzan sin pausa guerra y fuego. Caigan sobre ti mil maldiciones, que de tus palabras te arrepientas, pues nuestros nobles corazones no olvidarán jamás tu ofensa.
En la noche que se muere sin estrellas en el cielo Lúthien en su desconsuelo busca al buen Beren que yace inconsciente en frío suelo.Y las dudas que le invaden en desesperados gritos de inseguridad y miedo las plantea, con arreo a los muros ya caídos.

Lúthien:¿Dónde estás, nieto de Bregor? ¿Dónde estás, Señor de Ladros? ¿Es que al haber liberado del horror, tortura y miedo a miles de hombres esclavos-de elfos, a todo un pueblo-tú, que por ti he peleado no escuchas ahora mi ruego? ¿Acaso aunque he vencido ante el Señor del Horror finalmente te he perdido? ¿No puedes responder mi voz, oh, señor de mi destino, ni para darme tu adiós? ¿Es que ha sido sin sentido mi viaje a Tol-in-Gaurhoth?
Contempló entonces un cuerpo que entre tantos se encontraba pero este no estaba muerto, en sueños se revolcaba.Y el pensamiento funesto que ya a Lúthien abrumabase deshizo por completo: tomó aliento fresco su alma y la reanimó de nuevo y la llenó de esperanza.

Lúthien:¿Eres tú éste que suspiracon la mente entre tinieblas, con la voluntad perdida, con la conciencia entre rejas? ¿Eres tú éste que me grita desde el fondo de su alma, el que la mía no olvida y con su amor me acicala? ¿Eres tú éste que porfía para aferrarse a la vida?
Avanzó hasta ese lugar donde este hombre se hallaba con truncado respirar inconsciente se encontraba. Era Beren, y el llorar, de Lúthien, su tierna amada, le devolvió el palpitar, le reencendió la mirada.

Beren:Oh, Lúthien, grata es la hora en la que te vuelvo a ver! Bendita al fin la demora de mi cuerpo al perecer. Nuestro encuentro le ha costado la vida al rey Felagund, Mas su muerte no es en vano si en las tinieblas, aún, te tengo al fin a mi lado.

Lúthien: Esta tenue luz del albacon la que brillan tus ojos, que se ha clavado en tu rostro y no marchita a mi alma, es la que, con mil sollozos, ha devuelto a mi mirada la esperanza que tenía de poder verte de nuevo; que de noche, y aun de día, alimentaba mis sueños y en mi conciencia vencía a relámpagos y truenos y terribles pesadillas. Hoy al fin ha derrotado toda desesperación, y su fuerza ha culminado en nuestra liberación.

Beren:Ahora pues, al fin, volvamos a las tierras de tu gente, a los bosques donde un día entre hayedos reverentes y hierba de sutil briznate encontré, dulce cantando como cantan ruiseñores ligera de pies bailando, hermosa como mil flores. Y tal como en esa hora fuiste mi único consuelo, de nuevo te veo ahora en la Isla de los Muertos cuando ha pasado el espanto y nuestra esperanza ha vuelto: tu piel brilla como el manto de las estrellas del cielo. En tus ojos ya no hay llanto, sólo brillantes destellos que en su recuerdo refulgen con el resplandor de ayer; tus cabellos ya reflejan este nuevo amanecer.
Y mientras él pronunciaba sus palabras de alegría, y Lúthien, bella en su cara, dibujaba una sonrisa; la liberación venció en las celdas de sus vidas, y al fin Beren la besó justo al romper el día.

4 comentarios:

Tuor dijo...

Sauron siempre me pareción un mequetrefe, loq ue pasa es que en la tercera edad ya no quedaron los verdaderos poderes que dominaron cuando los hombres aún eramos jovenes d eraza.

gil-galad dijo...

y los elfos!!

Tuor dijo...

jaja, terecuerdo que sólo fue legolas y era sindar y lso hijos de elrond porque estaban bajo el mandon de aragorn en la compañía de lso dunedain, así que no hables d elso elfos, que el que cortó el dedo a sauron fue un humano. y ya

gil-galad dijo...

para todo de alguna u otra forma necesitaron ayuda de los elfos.
y para que el humano pudiera cortar el dedo de sauron, tuvo la ayuda de mi gran ejercito